En una frenada fuerte se ponen en juego fuerzas notables, que son a la vez violentas, pero deben ser también dosificadas con suma delicadeza a través de nuestras manos y pies. La maneta desarrolla mucho rozamiento debido a la desmultiplicación de fuerzas sobre su eje, y si no está bien lubricada su movimiento no será suave, y eso se traducirá en una frenada imprecisa, y además no volverá bien al soltarla. Es tan fácil como aplicar algo de grasa (mejor con base de cobre) a las superficies en contacto y al perno o eje.


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